Pobre i rica Navidad

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Por Oseas Camarillo López

La fecha del nacimiento de Jesús, desde el año 245 de nuestra era hasta antes del siglo V, fue discutida ampliamente por el filósofo llamado Orígenes, quien no aceptaba el nacimiento de Cristo. Clemente de Alejandría, en Egipto, adujo que el nacimiento fue el día 20 de Mayo. La discusión siguió, argumentándose que dicho hombre había nacido el 20 de abril o el 6 de enero. Fue hasta el año 354 en que Filocalus, en su calendario asentó que Cristo nació el 25 de de diciembre. En el siglo IV, por un  edicto imperial en Roma, se estableció el 25 de diciembre como la Navidad (contracción de Natividad), i a partir de esta fecha, se quedó implementada esta festividad.

La Navidad se celebra, según las costumbres de España y Latinoamérica, con lo que se llama “Nacimiento”; por parte de los países anglosajones con un árbol de abeto, que se llena de esferas y una supuesta nieve artificial; pero como ya estamos en un mundo globalizado, el árbol se ha implementado como un acontecimiento transcultural.

La iglesia católica y los protestantes (cristianismo) empezaron a hacer los actos religiosos de la llamada Navidad; pero posteriormente ya se ha modificado la costumbre y ahora no sólo se llevan los ritos en las diferentes iglesias. Actualmente ya se lleva a cabo fuera de los templos y se celebra de dos maneras: los que tienen los grandes o medianos recursos económicos (los ricos ricos) celebran el 24 de diciembre con una cena opípara, o sea, con pavo, lechones, bacalao, caviar; con buenos vinos de origen francés, español, italiano, chilenos o alemanes; aguardientes importados: llámese whisky, cognar, brandy de origen español, champagne o toda bebida que contenga alcohol. Se sirven los manjares en vajillas de porcelana, cristal de bacará; se estrena trajes de casimir inglés o de precio muy alto. En fin, desde los zapatos finoles hasta las corbatas para los hombres. Las mujeres previamente acuden a los salones de belleza y luego se pondrán vestidos que cuestan miles de pesos; portan sus collares ostentosos o de oropel; estrenan zapatillas y se impregnan de perfumes franceses  (para esconder el sudor), Se brinda y se comparte  regalos que en la alta burguesía son carísimos. Por supuesto que todo esto lo hace la gente adinerada de todo el mundo y que son los menos, ya que los recursos económicos en gran cuantía están en poquísimas familias. Por último, se dan un beso, mencionando las palabras “chulis” o “cuquis”.

La clase mediana media y la clase media baja tendemos a imitar con menos lujo esta forma de celebrar la Navidad. Igualmente al festejar el Año Nuevo. En síntesis, tratamos de imitar la celebración de la Navidad de los ricos, de los potentados y la de los clase medieros.

Pero los miles de millones de la clase proletaria, que son los más abundantes en este globo terráqueo, la celebrarán con una lata de sardinas, tortillas, pan y con alcoholes no bien destilados. Otros, se acostarán en su petate o en su catre, harán oración y seguirán viviendo en su piso de tierra o de cemento, si bien les ha ido: se protegerán del frío (en el hemisferio norte, ya que el hemisferio sur es verano). Para los pobres, la vida sigue igual; los pobres mexicanos recibirán la burla de que el salario mínimo aumentó alrededor de 3 pesos, o sea el costo de seis tortillas de maíz. Seguirán viviendo de la esperanza, de que algún día cambiará su vida. En las cárceles, llenas de pobres, seguirán cumpliendo sus condenas, ya que los banqueros mexicanos del HSBC o de otros bancos, a pesar de lavar dinero de la narcodelincuencia, no están en la cárcel y celebrarán su Navidad y Año Nuevo como los ricos. Se dice que la esperanza muere a lo último, por lo menos en México esperamos que haya menos desigualdad, que los jóvenes obtengan empleo y estudio, más justicia social, menos impunidad y nepotismo; que el gobierno mexicano se acuerde que son 50 millones de pobres y 13 millones de indígenas que han sido arrumbados a tierras inhóspitas.

El pueblo pide libertad con pan y pan sin terror, porque, según el nuevo gobierno federal, son 100 mil personas asesinadas y desaparecidas en el sexenio calderoniano que acaba de pasar.

Un deseo grande de salud que es el don más preciado que nos puede brindar la naturaleza.

Fuente: Diario de Xalapa

Fecha 21 de diciembre de 2012

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