¿Oie wey, apoco no sientes como que te vas a caer al cielo?
Una pregunta totalmente incoherente y tal vez sin sentido, pero que significaba el preámbulo de lo que sería una larga y tendida plática de contenido mundano, local, presente, pasado o futuro entre mi AMIGO R. Pitoll y un servidor, específicamente cuando contemplábamos el cielo por más de 10 minutos y veíamos las formas y movimientos de las nubes tendidos sobre la azotea de alguna de nuestras casas, cual par de gatos tomando sombra sin preocupación alguna, escuchando como música de fondo todo el Never Mind de Nirvana; Big Ones de Aerosmith; … and justo for All de Metallica o cualquier ritmo tranquilo y relajante de Heavy Metal.Esta pregunta regresó a mi mente cuando me encontraba cargando su ataud con dirección a donde ahora reposan sus restos junto a otros cuatros compañeros más, iniciando en ese momento una inmensa lista de recuerdos.
En nuestras primeras conversaciones de infancia solo nos dedicabamos a construir castillos en el aire pero a veces le dábamos cierta seriedad a algún asunto y esculpíamos travesuras con magistral planeación, como en aquella ocasión cuando le bajamos el aire a las llantas de la camioneta de nuestro vecino que no quiso regresar nuestro balón debido a que su ventana tenía un imán para esa esfera deportiva, o cuando pusimos un poco de manteca de cerdo en la resbaladilla de las niñas para apreciar su velocidad y experimentar su capacidad de frenado (curiosamente a la mayoría de las participantes les gustaba aterrizar sentadas), o la ocasión que literalmente volamos debido a que nos encontrábamos ubicados en la colita de la víbora de la mar, una de tantas que celebrábamos en el salón de canto cuando asistíamos al jardín de niños durante la hora de recreación, resulta que corríamos y cantabamos al ritmo de piano y accidentalmente nos soltamos en pleno movimiento, justo cuando la rueda iba a todo lo que daba, lo que provoco que salieramos expulsados a tierra de nadie, por unos segundos fuimos dueños del aire, hasta que la gravedad nos regreso a la realidad, el aterrizaje fue aparatoso pero lo que amortiguo nuestra caída fue el banquillo de la miss, la miss que tocaba el piano de la escuela, desgraciadamente ella se encontraba en ese preciso momento sobre dicho asiento, pero a su vez no nos remordió mucho la conciencia, debido a que ella reaccionó inmediatamente contra nosotros dejando caer sus aproximadamente 80 kilos de música sobre nuestros (en ese entonces) endebles cuerpos; Contradictoriamente a lo que se piensa de no impartir la materia de Física en preescolar, nosotros ya experimentábamos con la velocidad, peso, volumen, fuerza, fricción y gravedad de las cosas sin tomar conciencia cierta de lo que hacíamos claro está, y bueno, este tipo de anécdotas son realmente demasiadas, muchas, numerosas, cuantiosas, hartas, que tendría que hacer un blog dedicado a esto, la razón por lo que aludo esa época responde al pequeño detalle de que crecimos siendo vecinos, estudiamos en las mismas escuelas y para variar siempre en los mismos salones de clase, desde kínder hasta bachillerato.
A pesar de lo bien que disfrutamos nuestra niñez, desgraciadamente no todo fue así, a mediados de nuestra educación secundaria, mi estimado colega de imprudencias sufrió una enfermedad que le inmovilizó la mitad izquierda de su cuerpo, lo que lo alejó de la escuela varios meses, arriesgando no solo que fuera a perder el año, sino también su permanencia, debido a su delicado estado de salud. Sin embargo nada de esto ocurrió, el señor sacó la casta, y su ímpetu por seguir en la jugada lo ayudó a levantarse, aquí es donde mejor embona la frase “en toda la expresión de la palabra”, pues fue un elevamiento físico y mental, primero de su silla de ruedas, después su miedo a salir de casa por las posibles burlas de las que sería preso, debido a su necesario desplazamiento con bastón.
En su regreso a la secundaria la solidaridad del “Carlos Darwin” (así se llamaba nuestro grupo) no se hizo esperar y en todo momento contó con toda la ayuda que pudimos proporcionarle, pero su llegada significó más que eso, la percepción de la vida había cambiado, no solo la de compañeros, también la de algunos profesores, al haber sido testigos de un gran ejemplo de vida donde la fe, disciplina y coraje fueron herramientas para demostrar que cuando se quiere se puede.
A pesar de que jamás llegó a recuperar el natural movimiento motriz de sus extremidades izquierdas, jamás se intimidó por actividades físicas, a tal grado que durante el bachillerato, la práctica del basketball era frecuente en nosotros, ni la hora ni el lugar fueron un impedimento, lo más habitual era jugar en los recesos escolares, tardes en la escuela de mi padre o sábados matutinos en la cancha pública de nuestra ciudad, puedo mencionar orgullosamente que en varias retas le ganamos a sujetos que menospreciaban y subestimaban nuestra débil apariencia física, y terminábamos festejando el sabor de la victoria disfrutando de una coca cola de 2 litros. No sin antes haber levantando el embase lleno del nocivo líquido cual trofeo Larry O’Brien, a veces patrocinado por los vencidos.
Además de eso, ocurrió algo sumamente sorprendente, su brazo derecho se volvió uno de los más fuertes de la preparatoria, lo demostraba cada vez que jugaba vencidas con los compañeros que se creían Van Dame, Stallone, Swarzeneger, He-Man y no se que otro personaje más que predicaban ser para intimidar al oponente, venciendo a la mayoría de ellos, algunos decían que la fuerza de su brazo siniestro se había pasado al diestro, otros que era porque jugó baseball de niño.
Al finalizar la prepa e iniciar la etapa universitaria tomamos caminos distintos, en su caso terminó su Licenciatura en Derecho, convirtiéndose en un prestigioso abogado de nuestra ciudad, posteriormente combinó su profesión con la docencia en la ciudad de México, pero jamás perdimos comunicación, nuestras charlas las disfrutábamos en cada receso escolar o vacaciones, los temas de conversación cambiaron radicalmente, ahora eran desde nuestro sano juicio coherentes y con sentido, hasta que tocábamos nuevamente el tema del cielo, ese en el que nos preocupábamos si la gravedad dejara de hacer su trabajo, como dice el viejo dicho hay cosas que no cambian.
Trágicamente hay cosas que si lo hacen, como la inseguridad pública, aun recuerdo cuando se mencionaba que Veracruz era un estado tranquilo, libre y soberano, podías dejar la puerta abierta de la calle y presentarte con tranquilidad a cualquier persona, ahora el temor existe hasta para salir a la tienda de la esquina, debido a que en nuestra sociedad existe algo que no funciona y que estamos haciendo mal TODOS, ¿Qué será? ¿Poca cultura? ¿Limitada educación? ¿Quién da más?, no sé en qué punto el valemadrismo se instaló como estandarte de la ignorancia y la necesidad, dejando casi en el olvido a lo que caracterizaba a nuestro estado como un lugar tranquilo y acogedor, y por supuesto haciendo de esta tierra una nueva zona de guerra, como si al mundo le faltara más violencia.
Lamentablemente mi amigo fue una víctima más de este circo letal de la delincuencia, y el día de hoy aún no termino por asimilar su partida, acepto y estoy consciente de la ley de la vida, pero me corroe el hecho de que existió un cobarde que se adjudico el poder de terminar con su existencia.
Mis conversaciones con Pitoll no cambiaron, pero tristemente puedo decir que terminaron, este escrito es un pequeño detalle para recordar al que considerara mi hermano, el cual me heredó una gran lección de vida.
Descansa en paz Rubén Pitoll García.

Gracias… Amistades así valen oro… Lo extrañaremos pero seguiremos doble, x nosotros y x sus sueños…
muy buen escrito y aunq no conoci personalmente a Ruben si conosco a la maestra Joselyn y se q ella y sus hermanos son personas buenas, desgraciadamente Veracruz hoy es el estado mas inseguro del pais. y por cierto me hubiera gustado conocer a tan exepcional personal q Dios lo tenga en su gloria y nosotros Veracruzanos, que pensamos para decir YA BASTA hoy fue Ruben mañana uno de nuestros familiares!!!!!!!!!! YA BASTA
Muy bien hermanito y, como tú dices, faltan tantas y tantas anécdotas… lo q m lleva a pensar q ese niño vivió su vida con intensidad… cada vez q lo recuerdo lo veo sonriendo, con los labios y con los ojos, xq esos ojos tenían vida propia y siempre reflejaban q algo estaba tramando *=) ah! y x cierto, también preguntando x tí! a quien estoy segura q confesaba eso q traía en mente… Y de pronto, me da tanto coraje pensar q existe gente tan cobarde, tan infame, tan despreciable capaz d rebajarse a cometer barbaridades. No se vale! Me uno a la pena y al dolor q hoy sientes xq fueron muy unidos y también a la de Joselyn, de quien tengo recuerdos de una amistad de edad muy temprana aunque después tomó rumbos distintos, pero a quien aún tengo en muy alta estima. EPD. RPG.
pzzz yo fui hace dos años su alumna en la secundaria en la q trabajaba y en verdad me agradaban sus clases…recuerdo q antes de salir los maestros hacian juegos de basquet y en vdad era muy bueno jugando…q descanse en paz el maestro ruben y toda la escuela estara apoyando
paola yo tambien soy su alumno de la secundaria a mi ma deba estatal y ati que te dabaruben
Ruben Pitoll garcia era nuestro maestro de una secundaria del df que descanse en paz Ruben
amiga no lo habia leído… bonito escrito
tkm!! Ruben está con Diosito .